Intentaba procesar esa información en mi cabeza, pero
millones de recuerdos regresaban a mi mente. Jamás podría quitármelos de mí. De
una manera u otra, formaban parte de mi pasado, inmortalizando lo feliz que
había sido en aquella época. Recordé como la conocí. Cuando la vi por primera
vez, tan linda, tan sencilla, tan simpática. Estreche mi mano para saludarla,
pero ella eligió abrazarme con cariño, y ¡apenas nos conocíamos! Aquellas
bromas que realizaba todo el tiempo, que eran las más ridículas y tontas, pero
me sacaban más de una sonrisa. La primera vez que la vi, también quede
impactado, y quise que todo el mundo alrededor desapareciera, y solo quedáramos
nosotros dos allí.Como sea, lo nuestro fue un flechazo instantáneo. No necesitamos más que mirarnos a los ojos para saber que nos gustábamos, que sentíamos una fuerte atracción el uno por el otro. Era tan así, que esa misma noche la invite a salir. Ella fue con su hermana, y yo fui con mi grupo de amigos. Puedo asegurar que no dejábamos de mirarnos. Y aunque no pudimos conversar mucho sobre nosotros, pues había mucha gente de por medio, intercambiamos nuestros números de teléfono, y justo antes de dormir la llame. Entonces fue así que pudimos hablar con tranquilidad.
Tratamos muchos temas de nuestras vidas, pero también reíamos o hablábamos lo primero que se nos venía a la mente. Me quedaron intactas sus palabras al responder una de mis preguntas… “¿Cuáles eran sus creencias religiosas?”. “Soy una cristiana convencida.” – Contesto. Exactamente así también nos considerábamos en mi familia. Y supe que era una señal muy fuerte, algo que me indicaba que con ella, no estaba equivocado. Uno siempre teme a cometer errores, a dejarse llevar con precaución, por miedo a terminar lastimado. Pero esa vez ni siquiera tuve tiempo de pensar o tomar precauciones. Simplemente, me deje llevar, como lo indicaba mi corazón. Aquella noche estuvimos hablando por teléfono hasta las cuatro de la madrugada. Me dormí con una tonta sonrisa de enamorado en mi rostro. No me importaba nada más.
Y desde el principio nos hicimos íntimos amigos, mejores amigos. Nos pasábamos mucho tiempo hablando. Yo vivía en la Costa Este, pero a veces volaba a Los Ángeles y allí nos encontrábamos. Y ella me veía siempre que venía a New York. Luego, afortunadamente, pude mudarme a Los Ángeles con mi familia, y como si fuera poco, estábamos a unas pocas manzanas de su casa. Y ahí sí que todo se volvió mucho más intenso, más divertido. De repente, éramos vecinos. Ya no necesitaba llamarla todo el tiempo por teléfono, simplemente podía ir hasta su casa y tocar la puerta. Esos tiempo eran… increíbles, éramos jóvenes y todo sea veía tan natural y sobretodo, tan fácil. Era tan así que yo le pedía que pasara a saludarme a las cinco de la mañana antes de irme a trabajar, y ella siempre aparecía minutos antes con una sonrisa en la cara. Pues solo tenía que cruzar unas pocas calles para verme.
También, al comienzo de todo (apenas teníamos trece años) jugábamos al baloncesto en el patio de su casa, o a la Nintendo en mi hogar. Además mi familia preparaba muy seguido comida italiana, muy deliciosa, y ella se quedaba a cenar con nosotros. A ella le encantaba ir en bici y que yo caminara a su lado cantándole “My girl”. Pero en vez de “mi chica” yo cambiaba la letra por “Mi Miley”. Dios, de solo pensarlo, estábamos ¡tan enamorados! Ella misma lo dijo luego… “Era ese tipo de amor en que no importa para nada si brilla o no brilla el sol. Ese tiempo de amor del que dan ganas de tirarse a la piscina en invierno. Ese tipo de amor que dan ganas de bailar bajo la lluvia.” Y aunque suene estúpido, realmente era así. Nada mejor que sus propias palabras para expresar lo que vivíamos en aquel momento. Nuestro primer beso fue tan especial. Nuestros ojos conectados, mirándonos fijamente, su sonrisa nerviosa, mi corazón que latía a mil por hora, y nuestros labios que se unieron, juntos, con una mezcla de sensaciones indescriptibles.
Llevábamos casi un año juntos, y ella me llamaba cada día, a
cualquier hora, solo para decirme “¡Te he escrito una nueva canción!” y una
sonrisa aparecía en mi rostro de la nada. Yo también, confieso, que le he
dedicado casi todas mis canciones. De hecho, ahora que lo pienso, podía
escribirle miles y miles, sin parar.
Claro que la relación no era perfecta. Cada
tanto una tormenta rondaba cerca, aparecía, pero podíamos superarla juntos. Es
más, recuerdo que nos dimos un descanso, pero duro menos de lo pensado… apenas
volvimos a vernos, en nuestros corazones no había dudas, queríamos continuar
juntos sea como sea. Y así para mí, el mundo iba de la mejor manera.
Finalmente, después de casi dos años de relación, ella y yo,
cortamos. Creo que fue uno de los días más duros de mi vida. Aunque yo lo
decidí, sentí que le mundo se caía, que todo estaba mal. Aún seguía enamorado
de ella. Y aunque creía que separarnos era lo mejor, jamás podría olvidar su
sonrisa, el brillo de sus ojos claros, su mano entrelazada con la mía, ni sus
abrazos, ni sus caricias, ni su voz cantándome al oído de vez en cuando.
Después de un tiempo de cortar, regresamos. Quisimos
intentarlo nuevamente, o al menos, cerrar nuestra historia como la merecíamos.
Fue así que nació “Before the storm”. La canción que compusimos juntos, una
mezcla de amor, pero a la vez, desgarradora. La parte que más marco mi corazón
fue cuando cantábamos al unísono…
“Parados afuera en la lluvia, sabiendo que realmente terminó.
Por favor, no me dejes solo. Inundado en todo este dolor, sabiendo que nunca te
abrazaré como lo hice antes de la tormenta.”
Era un dolor tan… tan pesado, insistente, que desde el día
que terminamos supe que nunca se iría. Ahora pasaron más de seis años, y si hay
algo de lo que estoy muy seguro, es que nunca dejaré de sentir lo que siento
por ella. Es un amor que quedará grabado siempre en mí, como algo inmortal.
Jamás miraré otros ojos como podía mirar los de ella. Jamás besare otros labios
como besaba los de ella. Jamás volveré a amar a alguien como la amé a ella. Porque
sencillamente, fue mi primer amor. Donde las sensaciones son las más fuertes, increíbles,
pasionales. Cuando comencé a descubrir lo que era estar verdaderamente
enamorado.
Era un amor puro, inocente y verdadero. Es por eso que estoy seguro
de que nunca volveré a sentirme como en aquellos tiempos. Y ahora sé que no
podré recuperar nada. Lo más probable es que en dos o tres años, la vea
entrando a una iglesia con un ramo de flores en sus manos, con un largo vestido
blanco, y una perfecta sonrisa ubicada en su rostro. Hermosa, preciosa, bella
como siempre. Con su corazón latiendo a mil por hora porque está a punto de
cumplir uno de sus mayores sueños, observando con ansias a aquel hombre que la
espera para convertirla en su mujer, y que lamentablemente, no seré yo.
Miley, siempre estarás en
mi corazón. Siempre te amaré, por el resto de mi eternidad, y tú también
estarás amándome, aunque no puedas verlo. Porque el primer amor, nunca se
olvida.
Siempre tuyo…
“Nick J”
No hay comentarios:
Publicar un comentario